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Prueba: Ford Fiesta KD sedán, la "cola" le sienta bien

Se ofrece en versión Trend (probada) y Trend Plus.

Prueba: Ford Fiesta KD sedán, la "cola" le sienta bien

De México, para completar la línea del nuevo Ford Fiesta, que responde a la filosofía estética de la marca la llamada Kinetic Design, nos llega la versión con baúl o sedán.

Lo primero que debemos resaltar es que el agregado de un tercer volumen no le cae como un postizo, sino que acrecienta la elegancia del modelo. Así se alarga hasta la importante -para el segmento-  dimensión de 4,41 metros, es decir 34 centímetros más que el de cola trunca.

El cambio más notable en el estilo exterior, es sin duda la parrilla, que en el hatchback presenta el mismo color de la carrocería con una muy diminuta abertura horizontal y en este es de tres finas tiras cromadas, por encima de la gran boca de entrada de aire con forma trapezoidal.

El perfil confirma lo lanzado del parabrisas, la impecable curva que describe el techo, que se horizontaliza al llegar a la base de la luneta, las dos pequeñas superficies vidriadas y una línea de cintura alta, que se agudiza en el sector trasero. Por fin, el remate es un considerable voladizo trasero, ya que la medida entre ejes se mantiene igual a la del sub-modelo ya conocido.

Hay sólo dos versiones de equipamiento, Trend y Trend Plus. La diferencia es mínima, ya que la Plus excede a la otra solamente en la inclusión del techo corredizo eléctrico y de un equipo de audio más avanzado con seis parlantes y otros detalles poco significativos.

En la vista desde atrás, el volumen del baúl es invadido por el grupo óptico y resalta el tamaño del paragolpes, de acurdo a lo actual integrado al resto de la carrocería.

En el sector trasero, notamos la ausencia de portaobjetos, pero sí, conductos de aireación y luces ambientales. La guantera es amplia y cuenta con luz y cerradura. El baúl tiene una capacidad mediana de 362 litros y aloja bajo su piso a la rueda de auxilio, del tipo temporal.

En confort ofrece pack eléctrico para espejos y levantavidrios (de un toque en el del conductor), aire acondicionado manual, asiento trasero rebatible bipartido, computadora de a bordo de 6 funciones, audio con MP3 y auxiliar, y apertura a distancia del baúl y puertas. Faltarían algunos ítems como por ejemplo el cómodo control de velocidad de crucero.

El acceso al interior es dificultado por la altura del techo al piso, en el sector delantero obliga a encorvarse demasiado, cosa que se acentúa atrás por la caída del techo. Una vez adentro, cuatro pasajeros disfrutarán de la comodidad en un entorno muy agradable. Decimos cuatro ocupantes porque el eventual quinto, como sucede siempre en el segmento B, no dispondrá del mismo confort.

Para el logro de una buena posición de manejo, la butaca del conductor se regula en altura lo que se combina con los reglajes de la barra de dirección y una pedalera adecuada.

Los asientos de adelante ofrecen una sujeción razonable para un familiar. Los tapizados son textiles, de gruesa textura y al parecer resistentes al maltrato. Para destacar, la insonorización del habitáculo, en la que colabora el parabrisas de laminado acústico.

Ante sí, el que conduce tiene un tablero con las circunferencias del velocímetro y el cuentavueltas, el display del odómetro, medidor de aguja del combustible y termómetro de ambiente exterior. Las informaciones de la computadora aparecen en la pantalla de cuatro pulgadas en el centro, por arriba de la consola. Allí se advierte la inexplicable ausencia del medidor de temperatura del motor.

La motorización única disponible para el Fiesta KD es el moderno Sigma II 1.6 litros de 16 válvulas de 120 CV que entrega un torque máximo de 115,5 al elevado régimen de 5.000 vueltas. Sus virtudes pasan más por la relativa economía (promedia casi 16 km/L) que por sus performances. La velocidad máxima no deslumbra, ya que en el  mejor de los pares de pasadas registramos 184,6 Km/h. La aceleración en cambio es más que razonable: 10,6 segundos para pasar de detenido a 100 Km/h.

La transmisión a las ruedas delanteras está comandada por una bien relacionada caja manual de cinco marchas con la cuarta y la quinta desmultiplicadas; la última de ellas a 0,75, permite transitar en autopista a 130 Km/h al régimen de sólo 3.500 rpm, lo que redunda en el bajo consumo.

Las suspensiones tienden al confort de marcha. El comportamiento dinámico es óptimo hasta los 130 Km/h; más allá se nota una sensibilidad a los vientos laterales y ante las imperfecciones del camino. Los frenos son de discos ventilados adelante y tambores atrás, con ABS de serie. A 100 Km/h, el “panic stop” lo detiene en 43,5 metros. 

La tendencia en curva es ligeramente subvirante, sin rolidos notables en curvas cerradas, lo que es atribuible al uso de barras en ambos trenes. Aprobada la dirección eléctricamente asistida, tanto en el uso citadino como a elevadas velocidades en ruta.      

Alta calificación merece el equipamiento de seguridad, lo mejor en el segmento: siete airbags (incluido el de rodilla), cinco cinturones inerciales de tres puntos, controles electrónicos de tracción y estabilidad, anclaje Latch para asientos de bebé, alarma perimetral, cierre de puertas y baúl con la velocidad y faros halógenos de tecnología quadbeam.