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¿Arte? Una Ferrari Dino 308 GT4 chocada es vendida en USD 250.000

Un artista francés simplemente la rescató de un desarmadero y la colocó sobre un pedestal. Duchamp estaría orgulloso.

¿Arte? Una Ferrari Dino 308 GT4 chocada es vendida en USD 250.000

A veces uno no puede entender como ciertos objetos llegan a las galerías de los museos más famosos del mundo. Seguramente, más de una vez viste una obra abstracta y te quedaste contemplándola, en silencio, como esperando que en algún momento te revele su significado. Esas situaciones te dejan pensando si hay posibilidad de que el artista sea en realidad un estafador profesional, o si uno es un ignorante que no sabe apreciar las vanguardias contemporáneas.

Esta dualidad se pone en juego ante la obra de Bertrand Lavier, un artista francés que salvó de morir en un desarmadero a una Ferrari Dino 308 GT4 y la colocó en un pedestal, sin intervenirla en lo más mínimo, para subastarla en una galería de arte a nada menos que USD 250.000. La identidad del comprador se mantuvo en secreto, aunque trascendió que es de nacionalidad turca.

Esta Ferrari Dino 308 GT4 fue la única Ferrari de producción que salió de la pluma de Bertone; cuenta con un V8 de 3.0L en posción central que entrega 252 CV al eje trasero mediante una caja manual de 5 velocidades.

¿Por qué tan cara?

Esta obra, titulada simplemente “Dino” responde a un movimiento artístico llamado "Objet Trouvé" (“objeto encontrado” en español o “ready-made” en inglés) que consiste en enaltecer objetos que no son considerados artísticos, justamente como respuesta al criterio a veces elitista que cataloga lo que es arte y lo que no. Uno de sus mejores exponentes fué uno de los inspiradores del pop-art, Marcel Duchamp, con obras como “La Fuente”.

Quizás te parezca una exageración, una estafa, o quizás pienses que esta obra es una genial expresión de la belleza eterna, considerando a la Ferrari como la verdadera pieza magistral que a pesar de su destrucción sigue manteniendo intacta su mística. Tal vez nuestra Marta Minujin tenga razón al insistir en que “todo es arte”, aunque debo confesar que en lo personal prefiero a las Ferraris rugiendo en las pistas antes que en un museo.

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