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El buen andar de Citroën cumple 100 años

Desde su fundación que la marca francesa ha liderado el desarrollo de sistemas de suspensión avanzados y que hoy son utilizados por todas las marcas.

El buen andar de Citroën cumple 100 años

Las suspensiones de un vehículo son el elemento primordial que garantiza la seguridad y comodidad de todos los ocupantes que van a bordo, un elemento que ha sido centro de los grandes avances en la historia del automóvil. Una evolución en la que Citroën ha sido protagonista desde sus inicios hace 100 años.

La marca de los chevrones puede presumir de una amplia experiencia en materia de innovaciones técnicas en todos los ámbitos: carrocerías, chasis, dirección, motricidad y, por supuesto, las suspensiones. Desde el Tipo A o el Traction Avant hasta el C4 Cactus y el C5 Aircross, pasando, por supuesto, por uno de los autos más revolucionarios de la historia: el DS de 1955.

Las primeras suspensiones con muelles metálicos y ballestas datan del siglo XVII, cuando las cuatro correas que sostienen el espacio habitable de la carroza se fijaron al extremo superior de otras cuatro ballestas. Así se redujeron las vibraciones ocasionadas por los baches y obstáculos del camino. Cuando a fines del siglo IXX aparece el automóvil, se utiliza la misma arquitectura de suspensión, con muelles metálicos que, gracias a las oscilaciones de las suspensiones de largo recorrido, garantizan un confort de viaje óptimo.

Sin embargo, pronto llega un problema: cuando la velocidad del vehículo supera a la de un coche tirado por caballos, las oscilaciones de las suspensiones de ballestas y muelles metálicos son tan grandes, que hacen peligrosa la conducción y mantener la trayectoria se convierte en algo imposible. Las suspensiones debían dar un nuevo paso adelante y esto se logra con la introducción de los amortiguadores.

En 1919, Citroën presentó el Tipo A, su primer automóvil, que disponía de un nuevo sistema de suspensiones con ballestas y cuatro muelles en forma de elipse invertida que, gracias a la coordinación de movimientos entre ellos, eliminaba la necesidad de disponer de amortiguadores. Citroën equipó todos sus productos con lo mejor que podía ofrecer el mercado en aquella época, incluso en los 5 CV, que alcanzaban aproximadamente 60 km/h.

El punto de inflexión llegó en 1934 con el Traction Avant, que además de revolucionar la industria al ofrecer tracción delantera, estaba dotado de una suspensión con barra de torsión: los muelles se sustituyeron por unas barras situadas en las partes bajas del vehículo que se doblaban sobre su eje y no necesitaban el espacio que requerían los sistemas de la época, con muelles de grandes dimensiones. Gracias a sus suspensiones y la tracción delantera, se eliminaba el túnel de transmisión. De este modo, la Traction Avant podía rebajar su distancia al suelo sin renunciar al espacio a bordo. 

Esta misma tecnología sofisticada se utilizó en el furgón Tipo H de 1947, con la ventaja de un piso de carga bajo y regular, además de un gran confort a bordo, algo inédito en un vehículo comercial.

En 1936 vino otra revolución, que demoró muchos años en hacerse realidad. Pierre Jules Boulanger, al escribir el pliego de condiciones para la fabricación del 2CV (Citroneta), encargaba a sus equipos un automóvil para zonas rurales y malos caminos: "Quiero un auto capaz de atravesar un campo arado sin romper un huevo". El grupo que trabajaba en el proyecto TPV (código inicial del 2CV) imaginó varias soluciones, entre ellas un sofisticado sistema hidráulico, hasta llegar a un conjunto de muelles horizontales interconectados que aseguraban un óptimo comportamiento en carretera y un confort excepcional a bordo. Este sistema estuvo vigente hasta 1990, el año en que se puso fin a la producción de la leyenda de Citroën.

Después de la guerra, una parte de este equipo de especialistas de la marca se concentró en otra auténtica revolución que se concretaría en 1954 con la presentación de una versión muy peculiar del Traction Avant: el 15Six H, donde la H final significaba "Hidroneumática". Nacía la suspensión que distinguiría a la gama media y alta de Citroën hasta 2017.

El Traction Avant hidroneumático sólo montaba la nueva suspensión en el tren trasero y fue un auténtico "banco de pruebas" para la apuesta mayor de la marca: el revolucionario DS 19 que, un año después, incorporaba la hidroneumática en las cuatro ruedas, garantizando el máximo nivel de confort y comportamiento en ruta.

En este tipo de unión al suelo, los muelles metálicos son sustituidos por esferas rellenas de un gas y un líquido que están separados por una membrana elástica. Al aumentar y disminuir la cantidad de líquido en la esfera se obtiene una mayor o menor distancia al suelo del vehículo, que en el caso del DS, podía mantenerse a nivel constante e, incluso, regularse por medio de un mando situado al alcance de la mano del conductor.

Después del DS, a partir de 1970 la suspensión hidroneumática fue adoptada por varios modelos, como el SM y el GS, para incorporarse posteriormente al CX, el BX, el XM, el Xantia, el C5 y el C6. En estos más de 60 años, esta tecnología ya traspasada a otros fabricantes ha evolucionado, convirtiéndose en Hidractiva en 1989 con la berlina XM.  La suspensión Hidractiva unía la electrónica con la hidráulica, variando su rigidez en cinco centésimas de segundo en función de una serie de parámetros.

La última evolución llegaría en 2005 con la presentación del Citroën C6, que incorporaba la amortiguación variable: un dispositivo montado en cada una de las suspensiones que modificaba su flexibilidad durante su recorrido.

La marca sigue su camino de innovación y ha introducido una nueva tecnología en su gama más reciente, en los modelos C4 Cactus y C5 Aircross: las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos.

Su principio de funcionamiento es simple: mientras que las suspensiones tradicionales están formadas por un brazo, un muelle y un amortiguador mecánico, las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos añaden dos topes hidráulicos en los extremos: uno para la extensión y otro para la compresión. En caso de compresiones y extensiones leves, los resortes y los amortiguadores controlan conjuntamente los movimientos verticales sin necesidad de recurrir a los topes hidráulicos, que sólo funcionan en movimientos extremos ralentizando los movimientos de un modo progresivo.

Las Suspensiones con Amortiguadores Suspensivos Hidráulicos se aplicará a todos los vehículos de la gama y es el resultado de la experiencia de 100 años de Citroën en materia de uniones al suelo. 

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