“Yo corro contra el tiempo”. La frase de Nicolás Cavigliasso no fue una respuesta ingeniosa ni un gesto para la cámara. Fue una declaración de principios antes de largar la cuarta etapa del Dakar 2026, la primera mitad de la maratón, cuando el reloj pesa más que los rivales y la mecánica deja de ser un aliado seguro. En esos 452 kilómetros sin red, el cordobés hizo exactamente eso: corrió contra el tiempo… y le ganó.
Con su esposa Valentina Pertegarini en la butaca derehca, Cavigliasso dominó la especial que se inició en Al Ula con autoridad. Cuando el auto respondió, apareció ese ritmo que en el vivac todos reconocen: limpio, constante, sin golpes innecesarios. El resultado no fue solo una victoria parcial, sino un salto al tercer lugar de la general, quedando a poco más de seis minutos del líder local Yasir Seaidan. En una carrera que recién entra en su zona más áspera, esa diferencia es apenas un parpadeo.
La maratón expone a los pilotos como pocas etapas. No hay mecánicos, no hay repuestos milagro, no hay excusas. Y ahí, en ese escenario desnudo, Cavigliasso volvió a demostrar por qué es uno de los grandes especialistas del rally-raid moderno: sabe cuándo empujar y cuándo cuidar, cuándo atacar y cuándo pensar en mañana. Hoy, pensar en mañana fue ir rápido.
ARGENTINOS EN EL DAKAR: EL PULSO DEL VIVAC ALBICELESTE

Mientras Cavigliasso recupera terreno en la Challenger, la categoría que lo tiene como campeón, David Zille vive el otro lado de la moneda. Después de liderar la general en los primeros días, el pampeano se sostuvo en una etapa compleja y ahora marcha quinto. No es retroceder: es sobrevivir en una carrera que castiga sin avisar.
En autos, Kevin Benavides cerró la especial en el noveno lugar y se ubica 15° en la general. El salto de las motos a las cuatro ruedas no perdona errores y multiplica los problemas, pero Kevin sigue en fase de aprendizaje acelerado. Si algo enseñó su carrera es que nunca se lo puede dar por vencido.

En Side by Side, Manuel Andújar se mantiene firme en el Top 10, octavo, incluso por delante de Chaleco López. Más atrás, Jeremías González Ferioli, del Puma Energy Rally Team, empieza a enderezar el rumbo tras un inicio complicado: 14° y con margen para seguir avanzando.
En motos, Luciano Benavides sigue siendo referencia: quinto en la general, a 13 minutos del líder. Santiago Rostan marcha 43° y Leandro Cola 53°, en un Dakar que para ellos es, ante todo, aprendizaje y resistencia. En Mission 1000, Benjamín Pascual volvió a ganar con su Segway eléctrica y lidera la categoría de energías alternativas.
QUÉ PASÓ CON EL RESTO

En Ultimate, la etapa tuvo un protagonista claro: Henk Lategan. El sudafricano se jugó fuerte para escapar del calvario de los pinchazos y la apuesta le salió redonda: victoria de etapa con casi siete minutos de ventaja y nuevo líder de la general, con Nasser Al-Attiyah como escolta a 3’55’’. Detrás, la familia Marek Goczał firmó una jornada histórica, rodeando incluso a Sébastien Loeb, que sigue vivo pese a un retraso preocupante.
La nota amarga fue el abandono mecánico de Yazeed Al Rajhi, campeón defensor, cuyo Toyota quedó detenido en el kilómetro 234. Si vuelve a pista luego de la maratón, será sin chances reales de podio.
En motos, el pulso lo marca Tosha Schareina. Ganó abriendo pista, repitió victoria y ahora lidera… empatado al segundo con Ricky Brabec. Detrás, Skyler Howes completa un trío que promete un duelo quirúrgico. KTM, con Daniel Sanders y Edgar Canet, espera su momento desde la paciencia estratégica.
LA MARATÓN NO AFLOJA

La segunda parte de la maratón pondrá a prueba la cabeza tanto como las manos: 356 kilómetros para las motos y 372 para los autos. Será, en términos generales, más rápida, pero tramposa. Cambios de dirección constantes, sectores pedregosos donde conviene perder segundos antes que minutos, y navegación a ciegas para los primeros autos, sin huellas que ayuden.
En el campamento-refugio, donde todos los pilotos pasan la noche aislados, lejos del vivac de Hail y sin la caravana habitual que da abrigo al Dakar, la frase de Cavigliasso vuelve a tomar sentido. “Yo corro contra el tiempo”. No es solo una forma de manejar una etapa: es una manera de pararse frente a la carrera cuando se terminan las ayudas y queda lo esencial. Y hoy, en el corazón más áspero de la maratón, ese enfoque lo volvió a poner exactamente donde quiere estar: en la pelea grande, cuando el Dakar empieza a separar a los que resisten de los que realmente están hechos para esto.