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Automovilismo

Así es el operativo retorno de la F1 a Argentina

La Ciudad de Buenos Aires y el Grupo OSD viajarán al GP de Miami para mostrarle a Liberty Media que el regreso de la Fórmula 1 ya no vive solamente en el terreno de la nostalgia.

Así es el operativo retorno de la F1 a Argentina

Después de años en los que el regreso de la Fórmula 1 a la Argentina fue apenas una ilusión repetida entre fanáticos, empresarios y viejos nostálgicos del automovilismo, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Grupo OSD empiezan a moverse en un terreno bastante más concreto. Mientras el Autódromo Oscar y Juan Gálvez avanza con una remodelación profunda pensada en primera instancia para recibir al MotoGP en 2027, la Ciudad y la empresa liderada por Orly Terranova preparan ahora una reunión clave con Liberty Media durante el próximo Gran Premio de Miami, con la intención de mostrar que detrás del deseo también hay una obra, planificación y una estrategia para intentar volver a meter al país en el mapa de la máxima categoría, ausente del calendario desde 1998.

Pero hay un punto central para entender el proyecto sin leerlo al revés: la remodelación del Gálvez nunca tuvo al MotoGP como destino final, sino como escala intermedia hacia una ambición mayor. El objetivo de fondo siempre fue volver a poner a Buenos Aires en carrera para la Fórmula 1. Por eso el diseño quedó en manos de Hermann Tilke, el arquitecto que marcó buena parte de los nuevos escenarios de la categoría en las últimas décadas, y por eso también la Ciudad apostó a construir un plan capaz de hablarle a Liberty Media en un lenguaje reconocible, técnico y global.

En esa lógica, la carrera del Mundial de Motociclismo funciona como una plataforma para mantener activa la relación con el holding estadounidense -dueño de la F1 desde 2017 y del MotoGP desde julio de 2025-, probar infraestructura, mostrar capacidad organizativa y llegar al momento de la verdad con algo mucho más sólido que un simple sueño argentino.

LA REUNIÓN CON LIBERTY MEDIA, EL PRIMER EXAMEN SERIO

La escala en Miami no será una visita protocolar ni una foto de ocasión para consumo interno. Será, en los hechos, el primer examen serio de un proyecto que necesita dejar de ser percibido como una aspiración sudamericana simpática para convertirse en una candidatura atendible dentro del negocio actual de la Fórmula 1. La comitiva porteña llegará a Miami con un argumento que hasta hace poco no tenía: obra visible. Y en este juego, donde todos prometen, mostrar máquinas trabajando vale mucho más que cualquier PowerPoint con renders impecables y frases aspiracionales.

Ese detalle importa porque la F.1 de hoy ya no elige sedes solamente por historia, pasión popular o peso simbólico. Liberty Media administra un producto global, obsesionado con la experiencia Premium, la seguridad, la infraestructura, la capacidad de hospitalidad y el potencial comercial de cada destino. En ese tablero, Buenos Aires no puede apoyarse solo en la memoria del Gálvez o en el linaje de Juan Manuel Fangio y

LAS REMODELACIÓN DEL GÁLVEZ, UN ARGUMENTO CONCRETO

Ahí aparece la principal fortaleza del proyecto. Durante demasiado tiempo, cada charla sobre la vuelta de la Fórmula 1 a Buenos Aires terminaba sonando a sobremesa eterna: entusiasmo, recuerdos, frases grandes y ninguna máquina trabajando. Hoy el cuadro cambió. El Gobierno porteño puso manos a la obra en enero con la remodelación total del autódromo con una inversión superior a los 100 millones de dólares. El plazo de las obras está estimado en 12 meses con los cañones apuntados al Gran Premio de Argentina de MotoGP previsto para marzo de 2027. Ya hay movimiento de suelo, demoliciones y una reconfiguración integral del predio para convertir al Gálvez en un escenario que cumpla con los estándares internacionales y que sea el más moderno de Sudamérica.

Pero el punto más sensible del plan está en lo que todavía se debate puertas adentro. La Ciudad analiza seriamente adelantar una etapa que inicialmente no estaba contemplada para este año: la construcción de una nueva horquilla peraltada, con un 10 por ciento de inclinación, que llegaría hasta la zona del kartódromo. No es un detalle menor ni una mejora cosmética. Es una pieza clave del dibujo pensado para la Fórmula 1 y, sobre todo, una señal política hacia Liberty Media. El mensaje sería claro: Buenos Aires está dispuesta a acelerar una inversión adicional para demostrar seriedad antes incluso de tener una garantía concreta de entrada al calendario. En un mundo donde todos prometen, anticiparse con obra suele tener más valor que cualquier discurso.

La configuración larga del circuito para Fórmula 1 llevaría la extensión a 4.870 metros -500 metros más que la versión para MotoGP- y necesitaría la aprobación correspondiente de Grado 1. En otras palabras, Miami puede ser mucho más que una reunión de tanteo: puede condicionar decisiones de obra inmediatas. Si el guiño es positivo, el Gálvez dejará de construirse solo como sede de MotoGP para empezar a modelarse abiertamente como plataforma de una candidatura a F.1. Y ahí la conversación cambia de escala.

EL CALENDARIO PESA, PERO LA GEOPOLÍTICA TAMBIÉN

Reducir el regreso de la Fórmula 1 a Buenos Aires a una simple cuenta de fechas disponibles sería mirar el problema por la mitad. El espacio en la agenda sigue siendo el obstáculo más evidente, pero no el único. La coyuntura internacional en Medio Oriente también pasó a ser un factor concreto para la seguridad y para el negocio de la categoría. No es un asunto marginal: la F.1 había programado para 2026 cuatro escalas en la región -Bahréin, Arabia Saudita, Qatar y Abu Dhabi-, pero las dos primeras no se disputarán en abril por la situación regional y el calendario oficial hoy sigue adelante sin reemplazarlas.

Y la categoría ya tiene antecedentes como para no tomarse esto a la ligera. Arabia Saudita debutó en el calendario en 2021 y en 2022, durante la segunda edición del Gran Premio de Jeddahel fin de semana quedó atravesado por una tensión enorme después de ataques con misiles y drones contra una instalación petrolera cercana al circuito. La carrera siguió adelante tras garantías de seguridad y una reunión de más de cuatro horas entre pilotos y autoridades, pero el episodio dejó una marca incómoda: cuando el contexto externo se vuelve imprevisible, la Fórmula 1 no puede discutir solo contratos, fee y hospitalidad; también tiene que preguntarse hasta qué punto son viables ciertos destinos si el riesgo se dispara.

Ahí es donde la lectura política del proyecto argentino gana sentido. Como planteó en la semana Fabián Turnes, secretario de deportes de CABA, la coyuntura mundial puede terminar definiendo si este tipo de competencias siguen siendo viables en determinados lugares de riesgo. Y si ese escenario abre una ventana, por triste que sea su origen, Buenos Aires necesita estar lista para aprovecharla. No alcanza con esperar que otro circuito se caiga. Hay que llegar preparado al instante en que la F.1 mire alrededor y necesite una alternativa confiable, con historia, con infraestructura y con condiciones reales para responder rápido. En ese punto, el Gálvez renovado puede convertirse en algo más que una ilusión doméstica: puede ser una opción concreta en un mapa cada vez más inestable.

EL OBJETIVO EN VOZ BAJA: ENTRAR EN EL RADAR YA PARA 2027

La realidad indica que el calendario sigue siendo durísimo. Hay 24 circuitos con contratos vigentes para 2027, y además la propia Fórmula 1 ya comenzó a ordenar parte de su agenda futura con esquemas de rotación: Bélgica acordó correr en 2026, 2027, 2029 y 2031; Zandvoort ya sabe que 2026 será su despedida; y Barcelona aseguró presencia en 2028, 2030 y 2032. Todo eso confirma que el campeonato ya no administra solo permanencias: administra alternancias, prioridades regionales y equilibrios políticos. Meterse ahí no es imposible, pero tampoco sencillo.

Por eso, aunque nadie quiera sobreactuar optimismo, en voz baja el primer objetivo es que Buenos Aires empiece a ser considerada ya para 2027. Hoy parece difícil, sí, pero no absurda en un mundo donde el tablero geopolítico cambió de golpe y puede volver a cambiar. Si esa ventana no se abre tan pronto, entonces el proyecto deberá quedar bien perfilado para 2028 o 2029, pero con visitas como el WEC que podrían amenizar la espera. Lo importante no es tanto acertar la temporada exacta como no llegar tarde. Porque si la oportunidad aparece y el circuito todavía está a medio hacer, toda esta reconstrucción volverá a quedar atrapada en el museo de los casi.

FRANCO COLAPINTO, EL OTRO FACTOR

En ese contexto, la exhibición de Franco Colapinto en Buenos Aires tampoco debe leerse como un simple show para fanáticos. Es una herramienta política, comercial y emocional. Le permite a la Ciudad mostrar convocatoria, entusiasmo, visibilidad y el interés de marcas en torno a la Fórmula 1. En el idioma de Liberty Media, eso también pesa. Colapinto funciona hoy como el mejor puente posible entre la pasión popular y la lógica corporativa de una categoría que monetiza cada centímetro de emoción. No definirá por sí solo el regreso del Gran Premio, claro. Pero puede ayudar a demostrar que Buenos Aires no solo puede ofrecer un circuito renovado, sino también una escena potente alrededor de la categoría.

Y ese detalle, en un momento tan particular del automovilismo argentino, no es menor. Porque hacía mucho tiempo que el país no tenía dos cosas al mismo tiempo: un piloto argentino instalado en la conversación de la F.1 y un proyecto serio para volver a tener un autódromo apto para recibirla. Esa combinación, que hace algunos años parecía directamente improbable, es la que hoy vuelve a poner a Buenos Aires en un lugar distinto. Todavía no es candidata de pleno derecho. Pero ya no es solamente un recuerdo hermoso contado en tiempo pasado.

QUÉ PUEDE DEJAR MIAMI

La reunión en Estados Unidos no definirá por sí sola el regreso de la Fórmula 1 a la Argentina. No habrá contrato firmado ni anuncio rimbombante al bajar del avión. Pero sí puede marcar algo igual de importante: el momento en que el proyecto deje de ser tratado como una ilusión atractiva y pase a ser evaluado como una posibilidad concreta a mediano plazo. Si Buenos Aires sale de Miami con validación técnica, con una recepción política positiva y con margen para profundizar la obra, entonces el plan habrá dado un salto enorme. No hacia una fecha inmediata, pero sí hacia una candidatura seria.

A esta altura, eso ya sería una victoria importante. Porque durante años el regreso de la Fórmula 1 fue apenas un deseo reciclado cada tanto para entusiasmar al ambiente. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, hay una obra en marcha, un diseño pensado con vocación de máximo nivel, una estrategia de aproximación a Liberty Media y un contexto internacional que puede volver a alterar el mapa.

La F.1 todavía no está cerca de volver a Buenos Aires. Sería exagerado decirlo. Pero también sería injusto seguir hablando del tema como si todo fuera humo. El Gálvez, al fin, dejó de correr solamente con recuerdos. Ahora empezó a correr contra el tiempo, contra la política global y contra la propia exigencia de la Fórmula 1. Y esa carrera, aunque brava, por fin se está disputando.

 

Fuente: Automundo

Automundo

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