Autos clásicos

IAME, el sueño argentino del desarrollo industrial

Te contamos la historia del conglomerado fabril que enorgulleció a la Argentina de los años 50'.

IAME, el sueño argentino del desarrollo industrial

En los albores de la década del 50', el entonces presidente Juan Domingo Perón tomó una decisión que iba a cambiar de cuajo la industria argentina. Hablamos del IAME, Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado. Como su nombre lo indicaba, se trataba de un conglomerado de fábricas de financiamiento estatal dedicada a la producción de, entre muchas cosas, autos.

La idea nació luego del Primer Plan Quinquenal de Perón. En 1950, el General se juntó con representantes de automotrices extranjeras para impulsar la producción de autos en la Argentina. Su propuesta fue rechazada y el Ministro de Aeronáutica, Juan Ignacio San Martín, le propuso al presidente fabricar el país, aprovechando al Instituto Aerotécnico de Córdoba, hoy FAdeA.

Entre noviembre de 1951 y marzo de 1952, Perón decretó la creación del IAME, que empezó a funcionar gracias a un crédito del Banco Industrial y bajo la dirección del Brigadier San Martín. En total, IAME se lanzó con una decena de fábricas, especializadas en autos, aviones, hélices, motores, paracaídas, entre otras.

Sus hitos

Entre sus mejores productos, podemos contar a tres que trascendieron el tiempo y dejaron una marca muy especial en la cultura industrial argentina. El primero de ellos es el inolvidable Justicialista, una serie de autos basados en modelos de la marca alemana DKW. Entre 1953 y 1955 se fabricaron más de 2.000 Justicialistas, hasta que la Revolución Libertadora le entregó la fábrica a Porsche y el coche pasó a llamarse, paradojas de la historia, Puntero.

Otro hito fue la Rastrojero, una serie de vehículos utilitarios craneados por Raúl Gómez. Lanzada por IAME en 1957, el Rastrojero mantuvo su vigencia durante varios años, hasta cesar definitavmente de producirse en 1980.

Finalmente, el tercer hito de IAME fue la moto Puma. Gracias a sus planes muy accesibles, logró rápidamente popularidad entre los trabajadores. Su diseño simple sumado a su ingeniería la hicieron un símbolo. Se presentaron cinco series, aunque la tercera tan solo se quedó en un prototipo.

También podemos nombrar entre sus hitos la alianza con Kaiser, que dio luz a IKA. Si bien no fue un producto integralmente parte de IAME, el IKA Torino no deja de ser un logro mayúsculo en la historia industrial del país.

El fin de IAME

Con la caída de Perón y la llegada de La Fusiladora, el IAME tuvo sus días contados. En 1956 pasó a denominarse DINFIA (Dirección Nacional de Fabricación e Investigación Aeronáutica). Tiempo después, en 1967, se establece que DINFIA se dedicaría exclusivamente a las actividades del sector aeronáutico y aeroespacial, desvinculándose de la industria automotriz, absorbida por IME (Industrias Mecánicas del Estado).

IME corrió la misma suerte que IAME, ya que luego de sobrevivir gracias al Rastrojero, la última dictadura militar la cerró en 1980. Eran tiempos oscuros con José Martínez de Hoz a cargo de la economía, y la Industria Nacional no era una proridad.

A casi 70 años del IAME, la Industria Argentina nunca pudo recuperarse de la manera en que vivió los vaivenes políticos del siglo XX. Quedará el recuerdo de una potencialidad industrial, y la secreta esperanza de volver a contar con fábricas que impriman en vehículos todo el talento de este pedazo de tierra.

 

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